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La primacía de lo inconsciente en la teoría freudiana

Por Lic. Diana Arano

¿Por qué pensar que sólo lo consciente tiene entidad?, ¿sólo porque lo podemos percibir? El propósito principal del presente ensayo consiste en desplegar la manera en que Freud revoluciona lo inconsciente otorgándole su propio estatuto ontológico.

Finales del siglo XIX, la manifestación de una serie de síntomas en el cuerpo de varias mujeres, cuestionó el marco referencial de la medicina, pues las causas de dichos síntomas no eran orgánicas. Freud como médico neurólogo inició su investigación, nutriéndose de las observaciones de colegas como Breuer y Charcot, e intentó explicar la conducta de esas mujeres desde su enfoque teórico. “El método de descripción de los fenómenos psicopatológicos que Freud adoptó al principio fue el neurológico” (Freud, 1915/2003, p. 157).

Así es como surge su Proyecto de psicología para neurólogos en 1895, así lo describe en la nota introductoria el editor James Strachey:

 

Esta sorprendente producción se propone describir y explicar todo el ámbito de la conducta humana, normal y patológica, por medio de un complicado manejo de dos entidades materiales: la neurona y la cantidad fluyente, una energía física o química no especificada. De esta manera, Freud evitó por entero la necesidad de postular cualesquiera procesos anímicos inconciente: la cadena de sucesos físicos era ininterrumpida y completa (Freud, 1915/2003, p. 157).

 

Sin embargo, continuaba siendo insuficiente para esclarecer los fenómenos patológicos observables. No obstante, aunque continua desde sus fundamentos neurológicos en su obra Estudios sobre la histeria (1893-1895/2003), su modelo teórico avanza hacia una posición más bien psicológica.

A causa de haber recurrido al mecanismo de la hipnosis, Freud comienza a construir una serie de hipótesis que lo arriman al reconocimiento de los procesos anímicos inconscientes. En dicho texto Freud describe la manera en que comienza a plantearse la hipótesis de que la causa está ubicada en la psiquis, a partir de la observación de las pacientes que, en estado de hipnosis, reproducían los síntomas somáticos sin causa orgánica. 

Aunque la hipnosis ha sido el instrumento que luego Freud abandonó por ser ineficaz a los fines clínicos y terapéuticos, resultó útil  para descubrir procesos anímicos no conscientes. Además, permitió refutar la teoría de conciencia dividida, y derivar en la de psiquismo escindido.

En el texto Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis (1912/2004), Freud argumenta respecto de los efectos que los procesos inconscientes causan en la vida anímica. Para ello, ejemplifica el modo en que un individuo al despertar del estado hipnótico es consciente sólo de realizar (desconociendo los motivos) la acción que le había sido impuesta por el médico, olvidando otros elementos que se jugaron en el artificio hipnótico:

 

El designio estaba presente en el espíritu de esa persona en una forma latente o inconsciente, hasta que llegó el momento fijado, y le devino conciente. Pero no le afloró a la conciencia íntegramente, sino sólo la representación del acto por ejecutar. Aun entonces permanecieron inconscientes las otras ideas asociadas con esta representación: la orden, el influjo del médico, el recuerdo del estado hipnótico (Freud, 1912/2004, p. 272).

 

En otras palabras, Freud comienza a notar la diferencia entre representaciones conscientes e inconscientes en la vida anímica, y ha demostrar el carácter eficiente de las representaciones inconscientes que pese a no ser conscientes, ejercen su dominio en la vida del individuo. “(...) Aprendemos que un pensamiento latente o inconsciente no necesariamente es débil, y que su presencia en la vida anímica admite pruebas indirectas de la mayor fuerza, equivalentes casi a la prueba directa brindada por la conciencia” (Freud, 1912/2004, p. 273).

Ahora bien, ¿qué es lo que decide que una representación sea consciente? La censura en base a la intensidad afectiva que la representación invista, pues si traspasa cierto nivel de carga libidinal, causa displacer y no es susceptible de conciencia, quedando entonces reprimida. “La luminosidad de nuestras representaciones, y con ella su capacidad (...) para ser concientes, está condicionada (...) por el sentimiento de placer o displacer que ellas despiertan, por su valor de afecto” (Freud, 1893-1895/2003, p. 234).

Ahora bien, las representaciones inconscientes se encuentran reprimidas o son susceptibles de conciencia, esto es lo que Freud describe como el preconsciente latente. Para clarificar la cuestión de qué hablamos cuando decimos preconciente o representaciones latentes:

 

Llamemos consciente a la representación que está presente en nuestra conciencia y de la que nosotros nos percatamos, y hagamos de este el único sentido del término conciente; en cambio a las representaciones latentes, (...) habremos de denotarlas con el término inconsciente. (Freud, 1912/2004, p. 271)

 

Entonces, Freud comienza a vislumbrar que la diferencia entre los modos de actividad psíquica (preconsciente y inconsciente) es consecuencia de una defensa o resistencia que impide el acceso de ciertos pensamientos a la conciencia. Este procedimiento requiere de cierto gasto de energía.

 

Lo inconsciente es una fase regular e inevitable en los procesos que fundan nuestras actividad psíquica, todo acto psíquico comienza como inconsciente, y puede permanecer tal o puede avanzar desarrollándose hasta la conciencia, según que tropiece o no con una resistencia. (Freud, 1912/2004, p. 275)

 

Freud, no sólo alcanza a darle un posicionamiento relevante al inconsciente dentro de la mera clasificación en la vida anímica de representaciones conscientes e inconscientes, sino que comienza a diagramar su funcionamiento dentro de la psiquis.

 

Por la diferenciación de pensamientos preconscientes e inconscientes nos vemos llevados a abandonar el ámbito de la clasificación y a formarnos una opinión sobre las relaciones funcionales y dinámicas en la actividad de la psique. Hemos hallado un preconsciente eficiente, que sin dificultad pasa a la conciencia y un inconsciente eficiente, que permanece inconsciente y parece estar cortado de la conciencia. (Freud, 1912/2004, p. 275)

 

A raíz de la objeción planteada sobre que su tesis se basa en observaciones patológicas trasladadas a la vida normal, Freud recurre a los sueños como demostración del inconsciente en la vida normal de las personas. En el texto Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis (1912/2004), sintetiza lo desarrollado ampliamente en su obra La interpretación de los sueños (1900/2005).

Los sueños son retoños de lo reprimido. En el estado del dormir, pensamientos preconscientes que él llama restos diurnos, no han sido inhibidos por el deseo de dormir, sea por alguna preocupación o interés, y han conservado su eficiencia para ingresar en la conciencia, lo logran durante el dormir porque se conecta con pensamientos inconscientes reprimidos que prestan su fuerza para manifestarse en la conciencia mediante la formación del sueño. Entonces lo que resulta de ella es una desfiguración de los pensamientos preconscientes, producto de la intervención inconsciente y pensamientos inconscientes han logrado de esta manera acceder a la conciencia.

 

En virtud de la conexión que por la noche establecieron con las aspiraciones inconscientes, fueron asimiladas a estas últimas, en cierto modo rebajados al estado de unos pensamientos inconscientes y sometidos a las leyes por las que es regulada la actividad inconsciente. (Freud, 1912/2004, p. 277)

 

Por consiguiente, lo que descubre Freud y comienza a circunscribir es al inconsciente como sistema con sus propias leyes, diferenciándolo de la conciencia y de los pensamientos preconscientes, “damos el nombre de «el inconsciente» al sistema que se da a conocer por el signo distintivo de ser inconsciente los procesos singulares que lo componen” (Freud, 1912/2004, p. 277).

Ahora bien, hasta aquí hemos mencionado que la psiquis dividida, conformada por sistemas, funciona con cierto dinamismo y conflicto, no obstante ¿podemos plantear algún tipo de localización material? En el texto La interpretación de los sueños (1900/2003) plantea que los modos de actividad psíquica (consciente, preconsciente e inconsciente) ocurren en “una localidad psíquica” (Freud, 1900/2003) sin hacer referencia a algún tipo de precisión anatómica. Freud metaforiza con la idea de “aparato psíquico como un instrumento compuesto a cuyos elementos llamaremos instancias o, en beneficio de la claridad, sistemas” (Freud, 1900/2003, p. 530).

Debido a que el aparato psíquico no posee un lugar preciso en el cuerpo, Freud se refiere a los sistemas que lo componen como su primer tópica[1] (consciente, preconsciente e inconsciente). En el texto Lo inconsciente (1915/2003) Freud afirma “nuestra tópica psíquica provisionalmente nada tiene que ver con la anatomía, se refiere a regiones del aparato psíquico, dondequiera que estén situadas dentro del cuerpo, y no a localidades anatómicas” (p. 170).

Entonces no solamente hemos hecho un breve recorrido de los modos en que Freud ha demostrado lo inconsciente, llegando a la construcción de su primera tópica sino que además se ha descripto el gran salto epistemológico hacia su metapsicología, pues como señaló en el texto Lo inconsciente (1915/2003) “propongo que, cuando consigamos describir un proceso psíquico en sus aspectos dinámicos, tópicos y económicos eso se llame una exposición metapsicológica” (p. 178).

En definitiva, Freud logra demostrar cómo lo inconsciente con toda su fuerza, trasciende en la vida anímica de una persona sin que esta lo perciba en el sentido consciente del término. Además, al plantear que la diferencia entre las representaciones inconscientes y conscientes es consecuencia de una defensa, motivada por un conflicto, postula las relaciones funcionales y dinámicas entre los sistemas que constituyen el aparato psíquico. De esta manera, eleva los procesos psíquicos que intervienen en la vida anímica a la categoría metapsicológica de su teoría: el inconsciente es un sistema dinámico  capaz de producir efectos. ¿Qué es lo que, aun así, continúa provocando tanta resistencia o negación ante tal evidencia?

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, S. (2003). Obras completas: Vol 2. Estudios sobre la histeria (1893-1895). Amorrortu.

  • Freud, S. (2005). Obras completas: Vol 5. La interpretación de los sueños (1900). Amorrortu.

  • Freud, S. (2004). Obras completas: Vol 12. Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis (1912). Amorrortu.

  • Freud, S. (2003). Obras completas: Vol 14. Lo inconsciente (1915). Amorrortu.

 

[1] Más tarde, en el año 1923, postulará su segunda tópica en su obra El yo y el ello.

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