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Sobre los orígenes del afecto en los inicios de la teoría de Freud

Por Lic. Diana Arano

​​

El presente ensayo tiene como objetivo realizar un breve recorrido teórico acerca del origen de la noción de afecto en los inicios de la teoría de Freud. La intención es dilucidar a qué se refiere Freud cuando aborda el afecto, puesto que al inicio es un concepto que lo utiliza de manera casi indistinta con términos como: “monto de afecto”, “energía psíquica”, “suma de excitación”, entre otros. Finales del siglo XIX, un acontecimiento fundamental es la aparición de personas enfermas cargadas de síntomas en el cuerpo sin presentar lesión orgánica alguna. A partir de la investigación por las causas de estos síntomas, comienza a aparecer algo que se relaciona con el afecto. Entonces ¿cómo el afecto juega en el cuerpo y en los síntomas?

En el texto Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos (Freud, 1893/2005b), se podría ubicar el asunto de los afectos cuando delimita el trauma al ámbito de la vida psíquica. Los médicos en aquella época, estudiaban los casos de las famosas simuladoras, llamadas así a aquellas mujeres que padecían de histeria cuya sintomatología corporal no presentaba o se hallaba ausente de causa orgánica. Se trataba de cuerpos afectados pero ¿por quién o por qué? y considerando el trauma, ¿qué de él localizado en la vida psíquica podría producir síntomas en el cuerpo? Intentemos desarrollar esta idea.

Freud vincula el trauma a toda vivencia sentida bajo el afecto del terror. “El trauma como tal debe cumplir ciertas condiciones, tiene que ser grave, o sea, de tal índole que a él se conecte la representación de un peligro mortal, una amenaza para la existencia.” (Freud, 1893/2005b, p. 30). Aquí parece plantearse dos cuestiones relacionadas al trauma, por un lado la sensación sumamente displacentera del afecto, y por otro, su anudamiento con una amenaza. ¿Qué podría resultarle amenazante al individuo a nivel psíquico?

Freud continua su indagación, tratando de ubicar algo del trauma y se encuentra con que las histéricas presentifican “una historia de padecimiento” (1893/2005b). Intentemos vislumbrar a qué se refería, para ello nos resultará útil remitirnos un poco al método de investigación. La mirada clínica de la medicina no era suficiente para abordar las causas de la sintomatología histérica. No obstante, médicos como Charcot, Breuer y Freud, comenzaron a realizar sus investigaciones mediante otras vías, siendo la palabra su principal herramienta, como la sugestión verbal, el empleo de la hipnosis y el método catártico. La brújula en ese momento era la búsqueda que permitiese localizar el momento o la época en el cual el síntoma aparecía por primera vez en el enfermo.

Surge el descubrimiento de la existencia de recuerdos “olvidados” pero con una intensidad afectiva conservada. “Tras dar con el trauma psíquico (...) uno halla que el recuerdo en cuestión posee una intensidad desacostumbrada y ha conservado su pleno afecto” (Freud, 1893/2005b, p. 37). Es decir, el recuerdo persiste por el afecto aún ligado a él. En Estudios sobre la histeria (1893-1895/2003), Freud además ubica que el trauma remite a experiencias vividas en la infancia, que por algún motivo continúan actuando como “cuerpo extraño”.

Freud comienza a preguntarse ¿cómo es que un recuerdo permanece por tanto tiempo y no ha sucumbido al olvido? “El empalidecimiento o pérdida de afectividad de un recuerdo depende de varios factores. Lo que sobre todo importa es si frente al suceso afectante se reaccionó enérgicamente o no” (Freud, 1893-1895/2003, p. 34). Existe una serie de reacciones que facilitan la descarga del afecto como llorar, gritar, hablar, etc. Sin embargo, parece observarse en las enfermas de histeria que no han descargado el afecto en su cauce normal, sino que precisamente, ha quedado coagulado junto a la vivencia sentida como traumática y, como consecuencia han contraido una serie de síntomas patológicos.

Ahora bien, ¿y por qué debería un afecto ser descargado? Freud en Estudios sobre la histeria (1893-1895/2003), recurriendo a la neurología, acerca una explicación fundamentada al tema de la descarga de los afectos. Freud expone el funcionamiento del sistema nervioso y expresa que este se rige por el principio de constancia. El mismo tiene como imperativo la necesidad de mantener el equilibrio de la energía, en este sentido es labor descargar la excitación sobrante. En el ser vivo, existe una base biológica, la excitación se acrecienta tanto fisiológica como endógenamente, y el acrecentamiento de la excitación implica un desequilibrio psíquico, por lo que sólo “persisten en la conciencia con máxima intensidad los grupos de representaciones excitados por el afecto.” (Freud, 1893-1895/2003, p. 212). En este momento, afecto y suma de excitación aparentan ser lo mismo:

 

Si un ser humano experimenta una impresión psíquica, en su sistema nervioso se acrecienta algo que por el momento llamaremos suma de excitación. Ahora bien, en todo individuo, para la conservación de su salud, existe el afán de volver a empequeñecer esa suma de excitación. (Freud, 1893/2005b, p. 37)

 

De hecho, en Estudios sobre la histeria (1893-1895/2003) Freud definió al trauma psíquico como “las vivencias que desencadenaron el afecto originario, y cuya excitación fue convertida luego en un fenómeno somático” (p. 220). 

Si bien el organismo, tanto somática como psíquicamente, está regido por el principio de constancia, a partir de los acontecimientos observados en las histéricas, Freud continua preguntándose por lo patológico, pues ¿qué pasa cuando ese principio no funciona con cierto margen de normalidad? o ¿qué sucede cuándo esa descarga falta?, ¿cuáles son los motivos que la impidieron? y en todo caso, ¿por qué surgen respuestas patológicas al lugar de la falta?

Ya en Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos (1893/2005b) Freud había señalado que “el histérico padece de unos traumas psíquicos incompletamente abreaccionados” (p. 39) y en Las neuropsicosis de defensa (1894/2005a), despliega la idea de defensa “voluntaria” (así es considerada en este momento en la obra de Freud) del yo frente a un suceso o vivencia que le resulta penosa. De esta manera, comienza a puntualizar y a definir con mayor precisión, las diferentes entidades clínicas que se obtienen como resultado del mecanismo de defensa. ¿Y en qué consiste dicho mecanismo defensivo?

“La tarea que el yo defensor se impone, tratar como no acontecida la representación inconciliable, es directamente insoluble para él; una vez que la huella mnémica y el afecto adherido a la representación están ahí, ya no se los puede extirpar. Por eso equivale a una solución aproximada de esta tarea lograr convertir esta representación intensa en una débil, arrancarle el afecto, la suma de excitación que sobre ella gravita.” (Freud, 1894/2005a, p. 50)

¿Y hacia dónde se dirige ese afecto o suma de excitación? ¿Podremos ubicar aquí la formación del síntoma? Retomando la idea de defensa, ¿qué sería una representación inconciliable? Aquella huella mnémica cargada con mucha intensidad afectiva que desprende displacer. En general, las representaciones sexuales suelen ser inconciliables para el yo, generando un conflicto psíquico. “La pulsión sexual es por cierto la fuente más poderosa de aumentos de excitación persistentes (y como tal de neurosis)” (Freud, 1893-1895/2003, p. 211). Si anudamos la idea de trauma cabe la pregunta ¿por qué la sexualidad le causaría al yo una amenaza?

Asimismo, cabe recordar que las vivencias enlazadas en los recuerdos olvidados de las histéricas, remitían a su infancia. Entonces, que la sexualidad sea infantil y que en esta época el individuo no haya podido descargar la intensidad afectiva que le representaron las pulsiones sexuales, lleva a la inconciliabilidad y a la formación de síntomas producto del mecanismo de defensa. “Ante el yo del enfermo se había propuesto una representación que demostró ser inconciliable, que convocó una fuerza de repulsión de lado del yo cuyo fin era la defensa frente a la representación inconciliable” (Freud, 1893-1895/2003, p. 276).

Ahora bien, mediante el procedimiento de la hipnosis el enfermo lograba descargar el afecto ligado a la representación y así el síntoma desaparecía. Por el contrario, la dificultad para acceder a esos recuerdos en estado consciente, no impide que los síntomas persistan. Así pues, Freud comienza a vislumbrar eso como cuerpo extraño.

En nuestros enfermos hallamos (...) que la actividad psíquica representadora se les descompone en consciente e inconsciente, y las representaciones, en susceptibles e insusceptibles de conciencia. No podemos, entonces, hablar de una escisión de la conciencia, pero sí de una escisión de la psique. (Freud, 1893-1895/2003, p. 235)

 

Lo expuesto con anterioridad, implica la presencia de representaciones inconscientes que continúan desencadenando fenómenos patológicos, que no tienen acceso a la conciencia por la intensidad que sostienen. Mientras que las representaciones conscientes no tienen incidencia en ellas, como si se observa a la inversa. Este hecho ha quedado demostrado mediante la hipnosis, en este estado el enfermo accedía al material inconsciente y el síntoma desaparecía, pero al volver al despertar de la conciencia, del procedimiento no quedaba registro y los síntomas retornaban.

“La luminosidad de nuestras representaciones, y con ella su capacidad (...), para ser conscientes, está condicionada también por el sentimiento de placer o de displacer que ellas despiertan por su valor de afecto” (Freud, 1893-1895/2003, p. 234) y más adelante continua exponiendo que “estas representaciones que son (actuales pero) inconscientes (...) podemos llamarlas insusceptibles de conciencia. La existencia de estas representaciones insusceptibles de conciencia es patológica” (Freud, 1893-1895/2003, p. 235).

A modo de conclusión, podríamos inferir cierta idea en torno al afecto pero asimismo, la interposición de otros vocablos que utiliza Freud para referirse a él, generan cierta inquietud en la temática. No obstante, logramos acercar algunas puntualizaciones referidas al afecto:

Freud relaciona el afecto con el cuerpo a partir de la categoría de recuerdo no olvidado que se manifestará como traumático. “(...) los fundamentos más directos para la génesis de síntomas histéricos han de buscarse en el ámbito de la vida psíquica” (Freud, 1893/2005b, p. 29).

Es un tiempo en el que Freud considerando el principio de constancia, en los afectos  la concepción económica adquiere importancia. Puesto que comenzará a mencionarlos como monto de afecto, “en las funciones psíquicas cabe distinguir algo (monto de afecto, suma de excitación) que tiene todas las propiedades de una cantidad; algo que es susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y descarga” (Freud, 1894/2005a, p. 63).

Entonces en la búsqueda de las causas de la sintomatología en los enfermos de histeria, Freud comienza a situar la noción del afecto sujetado al recuerdo, un afecto que no ha sido descargado. “La necesidad clínica de abreaccionar el afecto y los resultados patógenos de su estrangulamiento se explican por la tendencia (...) a mantener constante la cantidad de excitación” (Freud, 1893-1895/2003, p. 14).

El método terapéutico lo ayuda a avanzar en torno a la noción de psique escindida, encontrándose con representaciones inconciliables para el yo. Freud comienza a formalizar la idea de defensa. Si lo inconciliable para el yo es toda representación cargada de una intensidad afectiva que no logra tramitar o descargar, la defensa actuará debilitando la representación sustrayendo el afecto. Obtenemos aquí una concepción dinámica del afecto por el desplazamiento mismo entre representaciones.

Con este breve recorrido, ha quedado explícita la idea de que el afecto está ligado a cierta noción de cantidad e intensidad, generando al yo sensaciones de placer o de displacer. Al mismo tiempo, el afecto comprende cierta movilidad entre las representaciones, teoría que postula Freud a partir del concepto de defensa. Por lo que cabe la pregunta ¿qué lugar ocupan las representaciones? y con mayor exactitud las inconscientes. ¿El sufrimiento psíquico es causado por el afecto displacentero o por la “oscuridad” de las representaciones, que persisten en el cuerpo manifestando malestar? Un cuerpo extraño, nos habita.

    Referencias bibliográficas

 

  • Freud, S. (2003). Obras completas: Vol 2. Estudios sobre la histeria (1893-1895). Amorrortu.

  • Freud, S. (2005a). Obras completas: Vol. 3. Las neuropsicosis de defensa (1894). Amorrortu.

  • Freud, S. (2005b). Obras completas: Vol. 3. Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos (1893). Amorrortu.

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